lunes 7 de diciembre de 2009

desconocida

para cuando él tornaba al salón había llorado mil paredes y su frente vestía menos capas. el voraz despiadado que engulló a ella no le daba espacio ni aire y esa era la consecuencia. volvían sus conexiones a ejercer y las brasas apenas centelleaban. pero había pasado mucho. consumieron más de dos horas.

conocer los personajes que albergas es parte de la supervivencia. saber bien a quién das pensión y a quién se la deniegas. tener claro lo que sí guardas pero no liberas. entender lo irremediable de cada condición y fuego y retenerlo. ser muchos en uno y acorralar al peor por evitar muertes seguras.
tachar los meses lleva a cumplir años y situar más piezas. nuestro evolutivo interno no es menos maleable que el resto. ni las mismas pintas, ni el color de pelo. no son aquellos zapatos de goma ni la cara tersa. son otras las manos, los andares, el peso. son otros los besos, los amantes. nada lo de antes. y lo de ahora será después _también_ pasado. puras sumas moldeando lo del torno. y la arcilla y el relleno dando vueltas. gira y nunca llega al horno.

le dijo una a la de la silla que las dividía un espejo. como en girl_meets_nyc lo que veía no encontraba rincón para el encaje. dónde colocar todo aquello era todo un reto. lo supo de a poco para sus adentros. y ahora que lo tatuaron en el reflejo no podía más que obedecer al ojo. no era la única. y la que evitaba que lo fuera se sentaba frente a ella en plena confesión. en búsqueda. en pleno crecer. en la madurez a golpes. en las moraduras desde el alma hasta los pies.
eran otros los tabiques encontrados. otros desencuentros. otras mareas con diferentes nados. pero después de tanto y todo era el mismo resultado. y el ahogado murió hace años. los que no movieron los brazos y los que empujaron. en ambas casas. los mismos casos. hundidos por tocados.

tuvo un cetro dorado. la corona con más poder sobre su cabeza lucía erguida. la capa del terciopelo más digno le constelaba y subrayaba su estela. reinó su reino la reina. y lo perdió todo.
la desmedida fuerza llenó sus ojos de la ceguera más fiera. su boca en carmín escupió llamas en lugar de silencio. sus ansias, su hambre, la impaciencia y desaforadas ganas tiranizaron sus rincones más tiernos, sus lados buenos. y al que no sostuvieron las riendas hizo de atila con los que siempre fueron. y barrió el castillo, trilló los fundos, abatió las copas más altas y derrocó cualquier existencia con brillo.

seguía mirando. estudiaba atenta lo que los tímpanos dibujaban en el espejo. era exacta. la imagen idéntica. la misma dermis que sufrió por asir látigos. los mismos párpados cansados de exigir valor donde nunca lo hubo. la misma curva perfilando lo que tuvo y desestimó en la siguiente vida. la comisura herida. la frente arada. y aún con la cara lavada el detallado relato descrito paso a poro.
tan diferentes y tan calcadas. todo distinto sin existir más iguales. la misma piedra. el mismo traspiés. la prueba y ensayo. el timón del revés. la vida antípoda. y el taconazo después.

están bailando dentro. algunos duermen mientras pasea el resto y se asea para salir de fiesta. en algún lado _sin lugar exacto_por no buscarlo_mejor así_ espera atento el puro infierno. el que baja a la realeza del trono, el que destierra a los buenos. en alguna parte sin nombre y sin brújula se contiene.
para vivir más vidas y seguir insertando monedas ha de localizarse al veneno. al que mata lo sano, al que se carga lo verde. y acorralados sus cuernos se le reduce. encarcelada inquina que asomó en guillotina. una vez más otra perdida vida. pero la tragaperras concede más juego. no desenchufaron la máquina, estiramos el cuerpo, recolocamos los pies, centramos las manos en los mandos y una vez más arriesgamos.

ni la alicia de aquí ni la del cruzado quieren más martillos retumbando habitaciones. rechazan joyadas carrozas y aposentos con dosel. ninguna desea volver a aquel reino.
ni la alicia espejada ni la que se mira. ninguna de ellas desea tampoco lo que vino después. no quieren nieve ni grados en negación. lo tienen claro. no quieren cerebros que achiquen su valía ni valor. no quieren fieras. no quieren ser carne ni declamación.
espejito, espejito _recitaban las dos bocas al tiempo y en una sola voz_ no me des siervos, no me des paredes, aleja de mí las armaduras de los que no laten, no me des poder de más, a los azotes no acerques. espejito _el rostro bajo la luz cálida se esculpió en doble_ aprendí en los dos lados y ya probé de ambos candados. yo fui una reina _acercó la cara a la otra, susurrando_ y rompí de todo, y ahora que me recompongo de ser la castigada doncella encajo las nuevas fichas del rompecabezas y juego de nuevo. me quedo con ser la princesa que tan incrédula se refleja _se inundaron cuatro ojos_ sólo con eso.
de verdad esa soy yo?

sábado 5 de diciembre de 2009

bobos

un libro en blanco para cada uno. los capítulos son de avance lento. y es de edición única. no hay más volumen que uno. una historia con uno o mil recorridos. un protagonista con pocos o muchos personajes adheridos. pero la que se relata es la historia que te toca. ni aquella ni otra. ni siquiera la que sueñas. lo que queda contado _y al terminar todo se cierra_ es lo que vives y participas. y mucho de lo narrado de ti depende. tú tallas los párrafos.

en julia_blogg arrancaron una de las páginas. entiendo que por lo encabezado debió ser un capítulo que buscaba libertad. y por lo tachado deduzco que nada de lo ocurrido sucedió como se redactó. así que el rotulador intentó eliminarlo. pero es imposible. carta en la mesa pesa. y los pasos pisados no se desandan en lo vivido. por mucho tino que se tenga con el negro fino en un auxilio pedido a gritos al supresor de pasados.

ocurre que hasta sin hacer planes _volando sin jaula y bien alado_ los renglones describen el mismo suceso de modo distinto. esto es, dos personas en un igual escenario, mismos minutos y compartido acto. pues bien, lo que redactan parecido toma dos vertientes completamente diferentes. y para cuando quieren releer lo escrito ya están dispares. lo ocurrido a uno no tenía que ver con lo que vivía el otro. y los párrafos respiran aires de dos mundos.
el ave en su trino parejo con el vecino voló en la libertad que gozaban. el de al lado hizo lo mismo. y cada uno por una corriente de aire extendió sus plumas en una dirección sin compartir la curva volada del compañero. no es tanto lo que el ave pretende sino lo que el viento le maneje. y si el aire sopla en diverso coincidir en la ráfaga será más complejo.

es distinto el enfado que el disgusto. en ambos se puede pisar haciendo saltar las baldosas. en los dos estados es posible fruncir el ceño y desencajar el rictus. pero no es igual, sin duda, es distinto.

de sobremesa comentaban todos aquella vez en la que sucedió esto y aquello. con el tiempo minimizaron el susto, exageraron detalles y multiplicaron la risa. la comunión del momento les hizo abrir a cada uno su personal libro. unos por la cuarenta y pico, otra por la sesentaydos, varios pasada la página cientocincuenta y el que callaba asintiendo con su satisfecha sonrisa estaba en la doscientostrentaysiete. era la misma aventura narrada de similares formas, pero con distintas tintas, con frases sumadas de una versión a otra, con más renglones según marcara a uno u otro. lo que se estaba ejercitando sobre la enmantelada mesa larga era el comentario de texto de parte de la vida compartida. unas cuantas páginas de cada libro.

quien tachó _sin lograr borrar_ lo descrito en la página 99 buscó el sacudirse. supo de lo engañoso de aquel intento de volar sin rumbo pretendiendo acompañar a alguien y lo subrayó ocultando el resto con una malla oscura y rayada. encarceló su texto. y con el gesto alumbró la frase más relevante y a la que dio rescate. su sentimiento. breve lamento _menudo rematadamente estúpido tiempo habríamos vivido_ resumió su descontento.

los disgustos no son enfados de ira. la pena que baña al que lo respira le hace tachar lo pasado. cercar su ahora de barrotes. aprisionar su tonto intento de libre vuelo. el mal sabor de las lágrimas navaja no sangran a nadie más que al que las llora. no hay puños. no hay disparos a muerte. no por parte del que no alza los pasos del suelo. lo amargo del vuelo en picado sabiendo que no se voló en baile cercano enluta la página del libro. la porción de vida que enviudó sin ruptura, sin muerte eterna. y así como hace la mente por suprimir del recuerdo los días negros también hace el disgustado con su libreto. escoge lo herido y lo acuna hasta dormirlo en un sueño sin beso de príncipe que le despierte. para siempre. sin posible sobremesa ni destripe.

cada uno con uno agrandándose a diario. millones de libros en avance. en relato individual a veces, compartido otras. e inmersas en celda olvido las páginas en las que sentimos que lo fuimos. sin saber cómo evitar el precipitar de lo que sucedía. fuimos bobos. los más. rematadamente bobos en vuelo absurdo.

jueves 3 de diciembre de 2009

rojos

son tres las cosas que saco del bolso a diario cuando tomo asiento en el cuarto de hora de isla en el que dispusieron mi ordenador para que lo castigara por dinero. las gafas de su funda, el móvil en modo reunión y los auriculares para que uno del par me cante bajito mientras trabajo.

ungaro quiso que la chica de la imagen besara en dos. debió pensar en lo especial de esos labios al rozar lo buscado. arriba rojo. abajo fucsia. fuego con fresa. arándano y tul. la dama jugando a ser otra y la niña proponiéndose seria.

mi amiga dibuja exquisito. con una línea de loquero define lo que sus ojos destripan. a veces repite en el recorrido y son varias las formas que matizan lo insistente que ella entiende y extrae de cada situación o persona. son cuerpos amorfos en su grado perfecto. son ojos de botón a punto del deshilachado, mareados y brillando en su descuelgue. son detalles entre lazadas, rayas, cajones y marañas. son maravillas tatuadas en papel cuando se lanza _fortuna la nuestra_ a sacarlas de su mente.

cuando me pintó de las primeras veces lo hizo con mi boca en rojo. más tarde cuando escogió para otro retrato el color fresa ácida para mis labios quise entender que sus razones tendría. falta de fuerza _la mía_ o niñez de más. juegos de purpurina, necesidad de princesa, o menor contundencia. lo desconozco porque al arte no se le pide desglose. y si ella me vio entonces con la boca rosa es lo que yo era en ese momento. al menos para ella.

los abrazos son el mar, el saco sin fondo, la paz de la noche en el campo. los abrazos son el teatro descubierto, la verdad más entregada, el corazón palpitando lo sincero. cuánto me gustan los buenos.
los besos son los bombones. rara vez basta con uno. son lo dulce que no se habla. son el hambre de querer. son bocados que se dan a la vida. son porciones almadas que se comparten.
un abrazo abarca. en él te pierdes. el beso salpica. te pierdes.

quiso el modisto que la modelo besara distinto. que su arriba y abajo casaran siendo dispares. que se encontraran los cálidos tonos de diferentes amores. que chocaran en ósculo insinuado. que con la boca calma reclamaran la atención de quien viera besos donde no los sellan. que descubriera la potencia del combinado. quiso el francés que fueran foco y objetivo. que atrajeran. que comieran sin acercarse. que regalaran sin moverse lo que las miradas demandasen. sin dejar de ser ella. sin pronunciar palabra ni esbozar gesto. sin separar de más los colores. sin mecer ni estremecerlos.
y se los pintó. abajo el capricho. arriba la tentación. y nadie dijo que no.

esta mañana junto a las ruedas de mi silla un pedazo de papel confesaba un color en su doblado. debió caer de mi saco tras extraer los tres que necesito para dar a mi actividad comienzo. tras la funda. o tras el teléfono o los cascos. la curiosidad por no reconocer lo mío me ha hecho abrir el plegado. y he sonreído.
a esas horas del día _cuando las calles aún son casi noche_ cómo decir que no a un beso. sí, lo contenido en el trozo de pañuelo de papel en origami eran mis labios. la última vez que los pinté sellé su trazo presionando el blanco secante y fue a parar al bolso. lo lacrado de mi boca roja esperó hasta hoy para sorprenderme. irreconocible. como si fuera de otra persona. un beso cálido. todo un regalo.

fueron mis labios tras el carmín paseado los autores. pero a mi cabeza han venido los rojos que me envía la que me los pintó así en casi todos mis rostros. y tras estos los de otros. y así, uno con otro, he encadenado una ristra de besos abrigando mi mañana de escasos grados, amigos a distancia y mucho tajo. rojos. todos rojos. para mi ánimo. para mi piel. para mis ojos.

martes 1 de diciembre de 2009

borrar

al tomar la esquina he visto un abrigo y me ha llevado a pensar en una que decidió no estar más conmigo. y es que lo era. junto a ella otra _también desparecida_ asida del brazo de su acompañante como si el cuadro del que me eliminaron nunca hubiera sido otro más que el que hoy veían mis ojos. ellas. con el frío compartido y su felicidad _permitidme la osadía_ a medias.

comprendí lo absurdo de las colecciones cuando ya había picado en más de una. las de los cromos era cosa casi obligada a los niños de nuestra década. sin play ni nintendo los álbumes por completar eran un esperado reto. y el premio de ver las numeradas casillas poco a poco con estampas hacía pesar las páginas moviéndose en quebrados y eso era _sin duda_ lo que más me gustaba. mucho más que haber logrado el más complicado y buscado de los cromos.
luego vino alguna otra hasta acabar con la de las vacas. o más bien ellas acabaron conmigo. creo que para cuando comenzaba a disolverse el rebaño ya había comprendido lo que escuché decir no pocas veces a mi madre. al final todos terminan por regalarte un miembro más de tu colección sin pensar ni un segundo en que exista algo más que pueda también gustarte.

anu_tuominen ha reunido un grupo de gomas de borrar y las ha colocado una seguida de otra hasta formar un rectángulo. lo llaman arte. y quién lo contradice si cada uno puede ver en esta suma de borradores lo que le sugiera hasta conformar otra colección diversa de opiniones.

una de mis atesoradas _de niña_ reunión de objetos también fue de gomas. era la moda. creo.
un patinete con ruedas de plástico. un teléfono de los de mesa. un dado. un autobús de dos pisos. un juego de tres minúsculas llaves. y un cucurucho _que me trajeron de long island_ con helado y un sirope capa de quita y pon. cuánta emoción...
lo recuerdo y no sonrío de igual manera que lo hago con los cromos que nos compraban en la tiendita verde y corríamos a pegar en el número exacto. el 238 y el tan escurridizo 76. no acierto a encontrar magia alguna en aquella colección de gomas moldeadas. era atesorar por poseer lo que otros no. no era ni meta ni satisfacción secreta por lo bello. y ahora no recuerdo lo que ocurrió con aquello, su destino, dónde terminó tanta goma tonta sin uso. supongo que decidí eliminar su recuerdo.

en las más de cincuenta gomas de la foto yo veo muchas colecciones. la suma de colores no hace más que animarme a seguir descifrando lo que me sugiere tanta herramienta dispuesta en orden.
veo pupitres y estuches con un hueco de más. veo manos sacudiendo virutas, muchas manos, decenas de movimientos barriendo de las mesas lo sobrante. y labios _también muchos_ soplando con cuidado. veo colegios, aulas, clases. veo letras. veo los lápices que las escriben. los diferentes colores embutidos en madera que colorearon un papel para luego ser separados de lo blanco. veo nubarrones grisáceos marcando las dudas que salpican cuartillas. veo números. en suma, en resta, en división y en raíz cuadrada. veo los multiplicados y los que se llevan dos hasta dar con el cociente. veo dictados, listas de la compra de sábados por la mañana, bocetos del sastre, borradores de hacienda, notas de amor rectificadas, las marcas demasiado altas para la escarpia, los invitados a una fiesta, las mesas renumeradas del salón de bodas, los regalos de reyes que faltan por encontrar y los que se tachan por estar ya en el camello.
veo el error. veo el cálculo. veo la posibilidad. veo el desdecirse. veo lo que ocultaron. veo lo dicho en bajo y luego tapado. veo el impulso arrepentido. veo el titubeo. veo lo que salió de la silueta. lo que escapó de la raya. es lo que veo.

antes de comer me he visto tomando como aperitivo una frase que habría pronunciado de haber sido la situación de otro modo. a efectos de los oyentes es como si no hubiera _siquiera en mi mente_ existido.
igual que las gomas de borrar suprimen la mina, así las circunstancias de hoy han querido que yo eliminara lo que minaría más tarde mi día.
gustosamente habría alcanzado a la pareja que optó hace algún tiempo por desligarse de mí y prestarse a mi borrado. de haberlo hecho les habría saludado sin detener mi paso y con mi mejor sonrisa. como si lo que mis gomas engulleron aquel día no existiera para ellas. como si ellas no vieran en mí más que la forma y silueta. quizá el color pero nunca la trastienda.
he llegado a casa con la pareja perdida de vista y sin frase para ellas ni dicha ni escrita. he llegado con la boca con restos de palabras que escogí impulsada. pero cayó en mis manos una goma. su movimiento llegó a mis labios. los calló. y las virutas que aún restan por la acera susurran bajito _si te acercas_ un animado hasta_luego_pareja!

en la imagen de arriba veo mucho. y cada esquina roma de las gomas me confirma todo lo que existió y decidieron que mejor no, que mejor borrarlo. no sea que resulte un error y nos hayamos equivocado.

lunes 30 de noviembre de 2009

límites

esta noche he querido dormir más cerca de pompa. a ella le gusta pesar todos sus kilos sobre mi brazo derecho y lo hace si yo me giro y lo encuentra presto. si no es así espera. a veces me avisa con un ronroneo ligero, pero generalmente permanece atenta a que yo me ofrezca. y entonces sí _ sin perder un segundo para retomar su roncar_ me aplasta.

acotar es complejo. los límites suelen ser como las orilleras pequeñas, las de la pleamar más calladas. dibujar las fronteras entre unos y otros, entre nuestros propios actos, entre lo correcto y lo desviado se logra con muchos trazos acumulados. es contornar sobre lo pasado esbozando otra propuesta a lo que se queda dentro o fuera.

todo el amor que me desborda lo deposito en su blanco cuerpo de perra. desde que vino. para ella mis mimos, mi aplauso, mis juegos, mi tiempo. para ella _también, cuando hace falta_ mi riña, mi parón, mis caras serias, mi no. todo lo algodonado que pisa existe porque desde el comienzo de nuestro idilio dispusimos las puertas vedadas y los acantilados haceres. todos los bienes para la más santa y buena. pero ninguna negación de menos para sus escapes de la vía que construimos día a día. festejamos el continuo porque no da oportunidad al negro. hace lo esperado e incluso más. regala obediencia, paciencia, silencio y prudencia. además del cariño y fidelidad sin condición. y ante su actuar disciplinado una salida del bando se nos hace extraño. no suele darse y cuando esto ocurre he de erigirme en directriz severa para que me diferencie de la de siempre.
anoche vestí ese traje y hoy aún me duele.

dónde empieza y termina la noche o el día. no es un salto del negro al claro. no es un radical cambio. es un borrón ancho que funde lo de uno y otro lado. es la transición donde todo se confunde. y sin que pare el tiempo. con el reloj marcando siguen decidiéndose los bordes de lo que es y lo que no.

como la excepción en lo reglado así erró mi pequeña ayer noche. y en cuestión de segundos tuve que vestirme de acero y encaretar mi rostro de hielo. sin que escapara el momento para que no desligara mi enfado de su mal hecho. se precipitó el tiempo y quizá también yo. y es lo que hoy _desde ayer_ lamento. me la lió. obró mal como nunca hace y nos mal acostumbra. y así como en otras ocasiones parece asumir su error antes de mi tormenta esta vez pareció no entender lo que regañaba yo. como si durmiera despierta, como si le hubieran plantado en mitad de la gran vía con el tráfico más castigador. como si reconociera mi discurso pero no supiera dónde encajarlo. como si no hubiera sido suya la maniobra tan alejada de nuestro código.
le ordené que acudiera a su rincón. donde le siento desde pequeña para que sepa que lo que ha hecho no es digno de mi beso ni de premios. no tuve que insistir. se mantuvo quieta como siempre que lo visita. hasta aclarar lo borroso de los límites un día marcados no le digo que bastó con el destierro. y le digo lo que sí y lo que no. sigo con mi gélido rictus y mi tono severo. mal hecho. eso no.
pero anoche _tal vez por su perplejidad tras lo que hizo_ supe de pronto que rebasé yo los límites. los pocos segundos de reacción ante la imposibilidad de aplazar una riña a un can _con un perro es ahora o nunca_ no son excusa. la faena de su descarrilado acto no era tan desmesurada como para justificar mi postura.
y su temblor cuando levanté el rinconado castigo. y su gesto temeroso cuando acariciaba su cabeza a pesar de haberme buscado ella, a pesar de haberse sentado sobre mis piernas, a pesar de haberme roncado en la oreja...

marcar cuando se educa no es fácil. definir las fronteras es complicado. pero ceñirnos al castigo justo, al no nunca excesivo, al frío sin grados bajo el cero... es lo que aprendí la noche pasada que es lo difícil. temo que grabé _innecesariamente_ a fuego sus límites y desdibujé los míos. y duele. y me arrepiento. pompa, lo siento.
es a mi a quien ahora castigo. como en dumbo_shop. estoy mirando a la pared. a ver si aprendo.

domingo 29 de noviembre de 2009

trapos

se cansó de ser cenicienta. se cansó de que la metieran en un cuento y destriparan cada uno de sus movimientos. y con razón.

los condicionantes son feos de asumir cuando son impuestos y no consensuados. pero hay razones que no han de darse cuando sostienen sin verse unas condiciones mayúsculas.
si das de frente con un pero gigante, con una exclusión, con un sí pero sí sabiendo que nadie admitirá el no es mejor no exprimir los porqués.

rodeada de hermanastras ajustó su traje de limpiadora sin luchar por el suelo que pisaba. no gustándole el papel que le otorgaron fue ella misma quien no hizo por saltar a otro más acomodado y menos sufrido. de rodillas y clareando baldosas relató en mutismo su descontento. y nadie lo supo.
hubo un tiempo en que alguien asomó su fruncir ante el maltrato ajeno y admitido. se pronunció a favor de otra vida para la chica ceniza. pero no halló respuesta. sin apoyo y con la tarima más encerada que nunca le invitaron a irse. en otro sitio daría con el palacio. allí no querían movimiento de crucetas. cada rol para cada marioneta. y así lo dejó cuando con su ayuda frustrada desapareció. mitad expulsado. mitad escapado de la incrédula realidad que dejaba detrás.

en el amor entre quienes quieran quererse los condicionantes no se dictan. las cláusulas de los contratos son para los que quieren bien llevarse o bien entenderse. pero en el querer no caben los puntos que obligan acentuando peros. poner la banda antes de la herida es esperarla y en el amar la sangre se sana con ganas y no con gasas.

en la cocina había un montón. igual que en el site_toast apilaron. esperaban a limpiar. y por lo que se escuchó entre fogones no cumplirían mucho más. y suspiraron.
en el tendal del patio trasero bailaban el aire un buen puñado de ellos. a rayas, de cuadros, lisos, con ribete, grandes, oscuros, ajados y pardos de tanto lavado se sostenían por la madera de cada pinza prendida. habían trabajado y ahora refrescaban la resaca de tanto recogido.
la limpia es una tarea dura. cuesta agacharse, alcanzar los rincones, recoger la más mínima miga. no es fácil frotar sobre rascado, abrillantar lo pulido, dar color a lo quemado. y quien se afana en ello _generalmente_ sale agotado.
ser limpiado tampoco es grato. que restrieguen tus oscuros, que hurguen en la roña de años incomoda. el palimpsesto formado por no asear a tiempo lo que perturba nuestros adentros se hace de acero ante el vago intento de ayuda del que viene cargado de la voluntad más férrea y latida.
así es, limpiar la breña es fragoso igual que molesta ser al que le eliminan el fárrago. pero tanto uno como el otro son necesarios. en su medida y probeta pero han de ser más que ensayo.

sus enaguas hablaban mezclando encajes con polvo y jirones. y aquel amor que alcanzó su figura agachada se escudó con el propósito de liberar de tales despojos para que tan sólo danzara. tal era su enojo ante la mugre de su entorno. suciedad y negrura comenzaron a ser parte del bordado de sus ropajes por contagio y por no haber sabido ella plantarse.
su corazón bombeaba lejía, aguafuerte, rascador y estropajos. su intención abanderaba lo más límpido del futuro para su doncella. aunque supusiera trabajar el lustrar sobre terso.
se empeñó concentrando su amor en la faena. empezó a clarear algún azulejo. saltó alguna capa incrustada de lo adherido por no cuidado. y siguió limpiando afanado en romper las cadenas de su cenicienta. no trabajó poco. su bella comenzó a estirarse sin lastre. y se las veía con claros a pesar de muy cansado.
pero llegó el día en que se hizo noche. las rodillas estiradas cayeron de bruces de nuevo y se hincaron. demasiado tiempo agachada. muchos años en cuclillas como para agradecer los avances. lo limpio dejó de importarle ante el dolor de sus tobillos. su peso _antes sobre sus cuatro_ había estado en lo último sobre dos plantas y no se acostumbraba. y dijo basta.
él la miraba en el suelo y no quiso juzgar. dejó tiempo. ella fregó el suelo y devolvió el gris antiguo a su falda. él miró sin decir nada. esperó. y cuando ella decidió soltar el cepillo le alcanzó una breve lista de ruegos. para seguir viéndole, para no expulsarle de sus aposentos, para no alejarle de sus adentros.

la intención del amoniaco es la de desengrasar y matar lo sobrante. pero para su uso mejor es diluirlo en agua. la agresión será menor. la lejía es bactericida y fungicida. habrá de poner ojo donde cae porque blanquea y abrasa.
si unimos _por empeñarnos en el lustrado_ el amoniaco con la lejía producirán la cloramina. el mismo gas, irritante y tóxico que acabó por molestar a quien se puso a limpiar tanto sucio trapo.

si no se limpia a tiempo lo que nos traba pasados los años será tarea absurda o dejará algo más que una piel irritada. ni el corazón mejor intencionado dará con el brillo de lo que no se quiso lustrar en su debido.

sábado 28 de noviembre de 2009

mermelada

ayer me dijo que marchaban para asturias. les envidié. iban sólos. sin horarios, sin sus ojos vigía, sin gritos. y sé que disfrutarán de lo que allí encuentran y volverán con la energía cargada y despojados de malas hierbas.
para estas horas ya habrán tomado el bocado de media mañana. cinco comidas y paseos entre éstas y las múltiples siestas. el plan perfecto.

sabía lo que había de encontrar para su mujer. más que una buena ubicación o vistas. lo importante para hacer perfecta su sorpresa es que el hotel tuviera desayuno de buffet. lo encontró y la cara de infantil emoción de ella se lo agradeció.

esta mañana de sábado he amanecido con mi biológico alarmar diario. aún sin sol y yo me desayunaba mi pan tostado con semillas diario. el sabor de las tostadas debía ser más calmo que entre semana _no sólo el tiempo de su deguste_ así que he vestido la primera capa añadida con una segunda de mermelada de naranja, que es _y esto creo que ya lo he dicho en alguna otra entrada_ mi preferida.

sólo los días sin despertador. así lo acordaron. cuando no tuvieran que separarse volando para acudir al trabajo matarían su ayuno nocturno con la bandeja llena sobre la cama.
en invierno _cuando le daba_ él corría a por chocolate recién hecho en la pastelería que tenían justo debajo. subía con los vasos humeantes confesando el contenido, una bolsa de papel con variados dulces para hacerlos submarino y la prensa. era sábado. era domingo. y esa era su especial manera de empezar el día festivo.

como la comida de la madre de uno ninguna. pero los aperitivos, picoteos, desayunos, y todos los extras probados fuera de casa saben más rico.
aquella bandeja de quesos dejó de tener precio con el primer mordisco. las galletas de chocolate se hicieron manjar. un puñado de almendrucos se diamantaron en la mano. y los mejillones obraron milagro en el paladar. el ocio era el ingrediente extra. lo que hacía exquisito lo que servían fuera de la conocida mesa. el mismo pan era distinto un martes que un domingo.

el freno de mano alarga la otra hasta la nevera para escoger entre la naranja o la verde. abuela o abuelo. eran sus sabores y me debato entre catar la amarga o la del ciruelo.
el deslizar del cubierto sobre el pan rebanado es un paseo que estiramos si el autobús no nos espera. es una danza que mecanizamos en zig zag entre semana. es una caricia tras otra que luego enjoyamos con el color del azúcar afrutado. otro baile para la tosta. otro masaje sobre el crujiente. un ir y volver delicado. deshaciendo la boca. imaginando el bocado.
no hay prisa. es fin de semana. y hay que apreciarlo.

el plato con una pincelada roja de eme_de_marta me llevó casualmente a asturias. de allí es la de la foto. allí volaría yo ahora. y allí habrán dado buena cuenta de untados como éste los que escaparon.
lo vi e imaginé las horas mezcladas, el reloj olvidado, la mañana deslizada y estrechados los lazos. lo austero de lo servido y puesto se hizo cómplice de mis deseos. no mucho más. poco se pide tal y como andan las cosas. un trozo de pan, algo de mantequilla y un blush de frutos rojos hechos dulzura se me asoman como el tiempo parado, las miradas conciliadas, las ganas de calma saciadas. son el regreso al fundamento, a la esencia que olvidamos en el ajetreo del estrés que nos aprieta.

como los que viajaban ayer hacia asturias. como la del buffet hotelado. como mi primera hora del día de hoy. como los de la cama con chocolate, periódico y bollería. como los que gustan del queso, la galleta, las almendras y demás bocados en casa de otros. a todos los que quieran que sea un desayunarse en largo y paseado les invito a que escojan tostada _que cruja o más blanda_ con aceite, mantequilla o tomate con sal y aceitado. os invito al paseo matutino de restar hervor al diario encapando lo elegido con el color rojo, verde o naranja.
la paz y la no celeridad es lo que me transmite a mi la mermelada. y a ello os convido. que bien nos hace falta.